Quiero ser un Artista, de mayúsculas, con sombrero y bastón de empuñadora plateada. O quizá un funambulista de la palabra, con cien libros a la espalda y un verbo cínico. Puede que el Artista sin obra, pobre de solemnidad y solemnemente feliz. Artista de todo, que sabe cocinar y pasear a los perros de las vecinas, hacer el amor con ellas, de forma artística o natural. Un artista completo, me apetece, si, conceder entrevistas e intuir el titular del periodista.
El caso es que no voy por buen camino: a vida dolida/sin dar nunca la pausa por respuesta/a vida dolida/ni soy un rey ni tengo canas vividas.
De niño había un vecino que se decía incomprendido, porque escribía versos en las montañas y se vestía de señor mayor. ¡Pobre estúpido pedante! Lo mejor para ser artista es no querer serlo de niño. ¡juega al fútbol, imbécil! Luego, ya en la adolescencia, conviene cambiar de registro. Ese pobre niño, mi vecino, seguía escribiendo versos, aunque todos ellos eran una basura.
La edad adulta es un gerundio permanente: queriendo, teniendo, deseando. Todo lo que sentimos es transitivo, porque está pasando. Por eso quiero ser Artista, para serlo siempre y en todo momento: Siendo Artista, de sol a sol, quizá me escuches, niña, quizá me prendas las manos entre tu esperanza blanca, quizá te silben las pestañas para que no las cierres/siendo Artista, de luna a luna, quizá me duermas, niña, quizá me escuchen tus noches a oscuras.
Carta de un hombre desesperado a una mujer inesperada
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Estoy aquí. Me encuentro esperando a que vuelvas en un vuelo transoceánico blandiendo tus alas como espadas cortando el vuelo de las aves. Mientras deseo tu ...
Hace 6 días

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