A voz en grito he de decirles que me hierve de nuevo la sangre, pero no menos que nunca, sino acelerada, como a borbotones, con un leve quejido democrático. He de dejar constancia aquí de la natural maldad de quien empuña una pistola, pero también de la política maldad de quien no hace todo lo que debe para que no la haga. Culpable es el terrorista sin nombre pero responsables hay muchos más.
Ayer fue un empresario, con su nombre, su vida, sus facturas y sus caries. Y le mataron por política. Los terroristas matan por política. Quienes debemos defendernos podemos y debemos utilizar argumentos políticos, también, para arrearles con la ley y la conciencia en las pelotas. O donde sea.
Sus ideas deben ser asesinadas, porque ninguna idea inhumana merece la vida. Que vivan ellos, si el ritmo sanguíneo se lo permite, pero no sus coartadas, disfrazadas estas de rebelión popular o de alcaldía batasuna. A voz en grito he de confesarles que ya no se me escapan lágrimas y que más bien es el puño lo que se me afecta, que se me cierra casi por instinto.
Ha muerto un hombre como tú y como yo, y me da igual que sea constructor del AVE o panadero del Caprabo. eso es lo que quieren esos trostkistas y asesinos, esos pistoleros. Me niego a asumir que hay personas con más riesgo de ser asesinadas que yo. Quien muere a manos encalladas de estas sabandijas no es un cargo determinado: es un ser humano. No matan a un periodista, a un concejel o a un empresario. Matan a una persona sin apellidos. Tomen nota, se lo ruego.
A voz en grito concluyo esta impresión apresurada a riesgo de que se me acabe agotando la democracia y la razón.
Carta de un hombre desesperado a una mujer inesperada
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Estoy aquí. Me encuentro esperando a que vuelvas en un vuelo transoceánico blandiendo tus alas como espadas cortando el vuelo de las aves. Mientras deseo tu ...
Hace 6 días

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