Avanza tan rápida la noche y tiene tantas cosas que decir. Se ha comprado un sombrero para edulcorar estas madrugadas de redobles. Mucha gente se bebe y se baila mientras él pasea tranquilo sobre este lienzo, que es un plano, que es una partitura, que es todo aquello que nace como algo nuevo. En las afueras hace demasiado frío: un niño ha caído muerto en Palestina y aquí cerca a un chaval poco mayor que aquél le han explotado los pulmones que cubría con un polo de Zara comprado en las rebajas. Su sombrero es una prolongación de aquello que quiere ser, que es todo lo que ha leído y casi todo lo que ha visto. El chico golpea y golpea y trata de crear algo bonito y sustancial. Escucha decir que la literatura es un medio de vida como cualquier otro, pero él sabe que cualquier otro medio de vida no merece la pena.
Recuerda a menudo esa canción superventas que habla de un hombre sólo que sólo es realmente él cuando nadie le ve. ¿Será realmente consciente el compositor de lo que canta? Uno sólo frente a todo lo demás es como el club de los imposibles que abre todos los conciertos del mundo: el preludio de una fiesta y quizá de un orgasmo.
El chico sabe que el mundo está enfermo. Mejor dicho, es una mierda. No puede estar enfermo quien nunca ha estado sano. Piensa que quizá si escribe frases cortas y legendarias, encartadas en breves párrafos, la impresión será mayor. Le gustaría que no hubiera narrador omnisciente en su vida, y que nadie le hablara de poesía. Le gusta la poesía, pero no los que hablan de ella, porque piensa que son todos unos cursis.
Los de arriba, el presidente, Dios, su madre, todos tienen cierta responsabilidad sobre él. Y eso le mata, le duele demasiado, mucho, casi no puede soportarlo. Quizá sea un anarquista de derechas, como dice el batería de Mago de Oz, o un ácrata cualquiera. Quizá la derecha y la izquierda no significan nada. Pero si las ideas, piensa, las ideas han de salvar al mundo. Una vez escuchó a alguien decir que el mundo estaba construído a base de fe. ¿Por qué confiamos en que el coche parará cuando el semáforo se ponga rojo en vez de seguir su marcha hasta atropellarnos? La fe es lo que nos hace presos, porque nadie frena en un paso de cebra por ningún motivo más allá de la ley. ¿La ley? ¿Qué clase de religión es esa? Quizá la peor...
Este sábado el paranoico y afeminado Tintín cumple ochenta años y su tupé sigue intacto. Como la sien de Romeo Montesco y la sonrisa discreta de la Mona Lisa. Y mientras todo eso perdura, el chico es incapaz de darle algo de dignidad a su cuerpo. Quizá porque confía en que la gente de alrededor, esa cosa vil, maligna e irrenunciable, sea capaz de valorarle por algo más. Por eso escribe, seguramente, como si eso pudiera salvarle del ataúd y la desmemoria. Hace muchos años Aquiles se fue a Troya para que su nombre fuera recordado. Pudo haber elegido la vida. Pudo haber sobrevivido. Pero eligió zarpar desde Esparta, con rumbo a una muerte segura pero gloriosa. El chico piensa hoy en esta Esparta que transita a diario y trata de averiguar el paradero de su Troya, de ese sitio físico o no que debe salvaguardarle de la vejez y la alitosis. De momento, ni siquiera Dorian Gray ha logrado resolver su insoportable dolor.
Al chico le duele el talón.
Carta de un hombre desesperado a una mujer inesperada
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Estoy aquí. Me encuentro esperando a que vuelvas en un vuelo transoceánico blandiendo tus alas como espadas cortando el vuelo de las aves. Mientras deseo tu ...
Hace 6 días

2 comentarios:
Simplemente...me encanta. Uno de los mejores artículos que has escrito. Enhorabuena guapísimo!
está bien escrituo porque sí, me gusta, y de diré algo, estoy de acuerdo con eso que uno sólo es uno mismo.. cuando nadie le ve..., si yo te contara.
saludos
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