Mario era periodista desde el mismo instante en que nació. Decía su madre que descubrieron que sabía leer cuando le descubrieron descifrar las páginas de un periódico. Ahora, delante del juez, todos esos recuerdos parecían un eco lejano y ensordecedor. Estaba a punto de perder la libertad por seguir aquellos principios que un día le dijeron debía defender. ¿Qué pensarán ahora los profesores que hace unos años le llenaron la cabeza de palabras bonitas sobre la libertad, la conciencia y el secreto profesional? Si un milagro no lo remedia, en apenas dos horas, Mario viajará en un furgón policial de camino a la prisión de Soto del Real.
Cuando Martín Cabello le contó aquella historia entre truculenta y fantasmagórica sobre el banquero Vidal, a Mario se le iluminaron los ojos. Llevaba apenas siete meses trabajando para La Crónica y aquella historia podía suponer para él todo un espaldarazo. Dedicó muchas horas al asunto y, al final, descubrió que todo lo que le había contado Martín era cierto: Vidal había sobornado al ministro de Economía para que le otorgaran una cuantiosa ayuda de más de 900 millones de euros. Después de muchos meses de trabajo, Mario dio con la cuenta corriente suiza en la que el banquero había depositado 100 millones de euros, que era la parte del pastel que se iba a quedar él a cambio de no hacer público que el ministro tenía una amiga con la que se acostaba una vez por semana en el Palace a cuenta de los contribuyentes. La historia era buenísima. Cuando se lo contó todo, al director del periódico casi le da un infarto. Tuvo que consultar si publicaban o no la historia con el presidente del Consejo de Administración.
Cuando Martín vio publicada la historia en primera página, con su nombre en la cabeza de la información, no pudo evitar soltar una lágrima. Le vino a la memoria su padre, que tuvo que dejarse los cuernos toda su vida cargando ladrillos para que él pudiera estudiar Periodismo en una buena Universidad. Recordó como su madre, poco antes de morir, le miró un día y sonriendo le dijo: “algún día contarás una historia que demostrará lo gran periodista que eres”. Ese día había llegado.
Pero todo eso era ahora un recuerdo demasiado doloroso como para evocarlo. Tenía delante al juez Fernández, famoso por su animadversión hacia la prensa. Las docenas de abogados de Vidal habían logrado que el juez aceptase los cargos de difamación e injurias y que la Sala no aceptase ni una de las incontestables pruebas documentales que Mario había presentado. Todo estaba a punto de irse a la mierda...
martes 17 de marzo de 2009
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2 comentarios:
Mario debería tomarse un descanso, el jueves Día del Padre, en honor al suyo y reunirse con los amigos que estudiaron con él la carrera para que le recuerden por qué estudió periodismo.... y después que le metan en la cárcel si es necesario
jajajajajaja... ironía captada
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