Hay una guitarra hueca como todas que esta noche está sonando ahí afuera, en medio de la noche y la primavera. Y en medio de esa melancolía no estoy yo. A pesar del perfume de los geranios, del ir y venir de coches, a pesar de que cada brizna de aire tiene peso, a pesar de esa chiquilla que se atusa el pelo frente a mi ventana. A pesar de que esta vida cualquiera sigue pasando, sigue pasando sin mi.
El escritor que escribe continuamente sobre sí mismo no es él, sino una recreación de aquello que quiere ser. Siempre se escribe sobre lo que nos hubiera gustado vivir, siempre se componen canciones sobre un tipo parecido a nosotros pero muchos más guapo. Supongo que Nietsche tenía razón.
Miro por la ventana y veo una vida que no es mía, aunque viva en ella. Nada cambiaría si no estuviese, aunque al mismo tiempo todo sería diferente.
Cada mañana las telarañas tejen una especie de sombra en mis ojos, disfrazados tras cualquier pose estudiada, como si fuese el carmín de aquella puta que me negué a pagar. Sus medias eran una tentación tan nítida que se me revolvieron las tripas. Yo soy aquél adolescente que llegó tarde a su tarde con la historia. Aquél que ahora ve a José Coronado en la televisión y le da envidia el bifidus de los cojones.
El caso es que al hablar de uno en un papel, parece como si el resto de las cosas dejaran de tener sentido. Los límites son el blanco y la tinta el oxígeno, podría decirse. Leo estos días la carta que le escribió Umbral a su mujer. Habla de él, y su mujer es una excusa demasiado bonita. Entonces, ¿Qué es la primera persona? Supongo que una frustración constante, una especie de sombra permanente de la que somos incapaces de despegarnos.
Yo en el mundo es una cosa distinta de yo.
Yo no soy lo que he vivido, sino aquello que desearía vivir. Somos lo que nunca seremos, una escenificación del deseo. Recuerdo aquella chica con los ojos grandes, a la que nunca me atreví a decirle la verdad. En ese momento, hace un cuanto, yo era un chabal abrazado a una chiquilla de ojos grandes, y no un mocoso y su pañuelo.
Creo.
jueves 28 de mayo de 2009
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