Cuando Alicia cerró la puerta dejó detrás de su vida y la de aquél chico que acababa de prometerle amor para el resto de los días. Pero se fue, escuchando la madera vieja golpeando contra el quicio, imaginando las lágrimas que dejaba en los ojos del chico con el que acababa de despertarse. Él no tenía más de diecinueve años y la noche anterior, cuando se encontró con sus manos en la barra del Alfil, no le pareció más que un adolescente sonriente y delgaducho. Pero es que ella es así, Ali, que siempre te lo dicen, ¿Por qué demonios acabaría en ese Ford Fiesta y en este maldito barrio? ¿Dónde está el autobús? Y encima no tengo dinero para el taxi.
Alicia encontró la parada del 34 y se sentó a esperar. Casi no podía creerse lo que acababa de sucederle. Ella se fue con el chico para pasar un buen rato, pensando que tan tierno mozo no le complicaría la vida mucho más de aquella noche y que, seguro, a él le bastaría con contar luego que había logrado enredar a una cuarentona. Pero no fue así.
Cuando llegaron a su casa el chico no paraba de hablar. Alicia pensó que estaba borracho y no le dio más importancia. Se apresuró a quitarle la camiseta de los Ramones y a recorrer cada milímetro de su cuerpo. Él hizo lo mismo y en un par de horas acabaron rendidos, dormidos y con una sonrisa de esas que no requieren explicación. Cuando Alicia se despertó, el chico estaba despierto a su lado, observándola fijamente y con una sonrisa de las que sí necesitan explicación.
- ¿Por qué me miras así?
- Porque eres lo más bonito que he visto en mi vida y no quiero perder un minuto mirando otra cosa
- No digas tonterías
- No las digo
- Bueno, tengo que irme
Al chico se le cambió el gesto. Se le arrugó la frente y a Alicia ya le pareció entonces que estaba llorando.
- No te puedes ir
- Claro que puedo. Y además debo hacerlo.
- Pero yo te quiero?
- ¡Pero qué dices! Mira, Juan..
- Me llamo Marcos
- Bueno, pues Marcos... tienes... ¿Cuántos?, ¿20 años?...
- 19
- Joder... pues yo acabo de cumplir 41.
- ¿Y eso qué tiene que ver?
- Mira déjalo, no estoy para numeritos. Ayer lo pasé muy bien. Pero ahora tengo que irme.
- No, por favor, quédate. Te quiero. Lo sé. Te querré hasta que me muera.
- No sabes lo que dices.
Alicia se levantó. Se miró al espejo y pudo ver a su joven amante con gesto desesperado. Casi estuvo a punto de creerle, pero a sus años ya sabía algo del amor. Lo principal: que no existía tal cosa. Acabó de vestirse, le miró por última vez, ignoró sus ojos agónicos y esbozó una insoportable sonrisa de complacencia, a sabiendas de que lo hacía. Y cerró la puerta.
El 34 llegó y Alicia se fue con él en dirección a su mundo, el de los carísimos teléfonos y las reuniones de última hora. El autobús pasó delante de la casa donde había pasado la noche y a Alicia le pareció escuchar un disparo.
Al día siguiente, Alicia encontró la siguiente noticia en un periódico local:
“JOVEN DE 19 AÑOS SE SUICIDA SIN MOTIVO APARENTE”
miércoles 1 de abril de 2009
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