Me gusta el café de ayer y cuando acaba de llover y la ventana parece un espejo punteado de tormenta. Me gustan los domingos por la tarde de agosto. Me gustaba aquella chica que no sabía nada de las tormentas, ni de los veranos, ni de agosto, porque yo le preguntaba y ella no contestaba. Hasta que llegó un día en que las mariposas salieron volando.
Ahora que me sigue gustando todo lo de antes, me ha dado por dejar de preguntar. Sin embargo, ni aún así aparecen las respuestas. no aparecen ni las mariposas.
Tengo un amigo con una vida demasiado sencilla.
Tengo miedo de que un día no aparezca ella, la letra, loca, y se me quede el silencio pegado a la piel. Tengo tanto miedo a ese día nuclear que casi ni me atrevo a pensarlo.
Entre la ausencia de ella y sus mariposas de mierda y la ausencia de ella, la loca tinta, me he quedado en un paréntesis de lunes que bien podría ser de domingo. Las certezas son un paraguas y la realidad es un punto suspensivo mucho más largo. El cuarto punto invita al suicidio...
lunes 1 de junio de 2009
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