Estrella de aquél cielo, quizá la sombra de todos mis deseos:
lo que espero de mi cabe de sobra entre tus dedos.
Quizá lo que me pidas me parezca poco, quizá no sea suficiente y decida alargar mi vida y todo lo que haya después.
Después de vivo seguiré muerto de miedo, temiendo tan sólo una lágrima tuya.
Entonces no habrá nada que pueda sanarme.
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