La calle es del hombre. De pequeño jugábamos a las chapas sobre el asfalto, cuando play era sólo el botón del radiocasete donde escuchábamos los discos de Carlos Goñi. Salíamos a las seis con el bocadillo de nocilla y nos comíamos los minutos con los pantalones de rodilleras y las zapatillas gastadas. No le teníamos miedo más que a los domingos por la tarde.
En aquellas calles conocí a Damián. Le gustaba dormir en el parque de la Chata, en un banco rojo que nadie más utilizaba. Estaba viejo, el banco y Damián, y sabía de muchas cosas. Una vez me contó que cuando un tipo del banco se quedó con su casa perdió la esperanza. Era un hombre triste, pero sabía mirarle la gracia a cada desgracia. Y habla muy bien. Llevaba diez años viviendo en aquél banco. Creo que aún debe seguir ahí. A ver si un día me paso a verle. A Damián. Antes de que Gallardón le limpie de las calles.
Cuando cumplí ocho años mi madre nos llevó a los niños de mi clase al parque de la Chata a jugar al fútbol. Había hecho una tarta de manzana y otra con galletas y chocolate. Cuando una pelota se nos escapó parque arriba y fue a parar al banco de Damián ninguno de mis amigos se atrevió a ir a recogerla. Decían que había un hombre mayor que les daba miedo. Yo les dije que Damián era mi amigo y todos se rieron de mí. Cuando fui a por el balón Damián me dio un pájaro que había hecho con un periódico. Era mi regalo de cumpleaños.
El caso es que ahora que al alcalde le ha dado por el humanitarismo y ha decidido que las calles son para los turistas me he acordado de mi viejo amigo Damián. ¿Seguirá en el banco rojo? ¿Se habrá enterado de que le quieren aplicar la doctrina del desalojo colectivo? Seguro que no protesta. Llegará noche, recogerá sus cosas, las meterá en su carrito de la compra y se irá al albergue oficial que le digan, a mascullar con ironía una nueva desgracia.
1 comentarios:
bueniiisimoanshe
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