Hoy me he dormido con los ojos abiertos. Mientras, tú despertabas con los ojos cerrados y una media sonrisa de luz entera. Quizá eran mis manos las que danzaban una nana de sueños encima de tu blancura infinita, quizá era yo el que contaba ovejas sobre el campo de tu tranquilidad.
No he despertado hasta que un haz de todo lo demás se ha colado en la habitación con su impertinencia.
A lo mejor no amanece nunca, que no es poco, a lo mejor mis decisiones han dejado de tener importancia. Me dice una musa traviesa que deje de tiritarle al destino y le pegue en toda la cara. Pero siempre te devuelven el golpe, claro, y el frío es insoportable cuando todas las mantas del mundo son transparentes.
He vuelto a dormirme, y tengo los ojos tan abiertos que te veo de principio a fin, sobre todo al fin, tan cerca de la línea de llegada, sola y esperando una palabra que no puedo decir.
Tu nombre tiene tantos apellidos que no puedo pronunciarte. Con los ojos abiertos y el sueño pendiente de un hilo que nunca se acaba y que se rompe al decirlo. Tengo el sueño olvidado y los ojos cerrados, o abiertos, plantados delante de tu belleza inocente y tus grandes verdes iluminando la oscuridad.
Todo lo que me rodea es un gerundio complejo, como esta frase con forma de jeroglífico que sólo significa una cosa: una cosa pequeña que no puedo pronunciar de todo lo que pesa.
6 comentarios:
Tanto que, incluso, aplasta. Cuando éramos pequeños, nos dejaban soñar despiertos. Nos animaban a hacerlo. Los años nos han robado, entre otras muchas cosas, los sueños y la magia de soñar. Loco! te gritarán unos si lo haces. Madura! osarán a aconsejarte otros. Pero alguien se atreverá a preguntarte ¿cuánto hace que no duermes con los ojos abiertos?
La impertinencia de todo lo demás, te dirá ese alguien, rodea lo que hay, porque hay algo. Pero sólo lo rodea. La espesa niebla oculta el paisaje. Pero la niebla siempre desaparece. El paisaje es lo que hay. Lo que queda.
Ese alguien te preguntará si, ahora que ha cruzado esa línea de llegada, el fin, volverías atrás y dirías esa palabra. Y se despediría recordándote que nuestras decisiones dejan de tener importancia cuando no nos convencen.
Las dudas, el destino, los golpes y las mantas transparentes forman parte del juego de dormir con los ojos abiertos. Aunque siempre podrás cerrarlos. No hacer caso a ese alguien. Quedarte con las palabras de unos y otros. Dejar de ser un loco y madurar. No volver a soñar.
El sueño sigue pensando...
... pensando que sí, que merece la pena morirse de frio o de calor, comprar una manta.
Escribir a tiempo, vivir equivocándose.
Ahora sí... ;)
Morir, vivir, frío, calor, equivocarse, acertar... Pensamos demasiado, soñamos poco...
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