martes 3 de mayo de 2011

Escupo, con perdón

No sé que narices escribir, solo que quiero hacerlo. Ya está hecho, o escrito, algo, esto, qué se yo, que se diga la frase a sí misma. Recuerdo el día que el maestro Umbral me dijo en su casa que todos los libros que tenía en la estantería los había escrito él. No se me ocurrió llamarle egocéntrico. Seguro que él, tan grande como era, también tuvo un día de estos en que el contenido de las palabras cede su protagonismo al mero hecho de producirlas.

Hoy produzco lineas como una vaca lechera fabrica mi desayuno. A ver qué digo ahora: las avispas de los dibujos animados son mucho más amarillas que las de la vida real. Por cierto que esto de la vida real siempre me ha llamado la atención: ¿es que hay otra? debe haberla. Debe ser esa en la que siempre sé qué decir y escribir.

Lo de Bin Laden, que tanto da que hablar estos días, me recuerda a Hemingway y su pescador: ¿qué haría el viejo del mar con el terrorista en su red?

Las letras parecen fundirse del teclado a la pantalla sin intermediarios. No tienen oxígeno, ni alma,. hoy son escupitajos de esos de resaca. Y encima me ha dado por escribir con el último disco de Revolver sonando en el Spotify: lamentable, decepcionante, pobre Carlos Goñi, o pobre yo, que hecho de menos cuando cantaba aquello de "donde está el final". Cosa, por cierto, que nunca he sabido.

Buf. Basta ya. Que estupidez todo, si Umbral levantara la cabeza me mandaría a la mierda y se volvería al cielo a hablarle a los ángeles de sus libros.

1 comentarios:

Salmón dijo...

Pues me ha gustado el escupitajo...