lunes 6 de junio de 2011

Gritos

Veamos: un chico lee un libro (por ejemplo Los enamoramientos, de Javier Marías) en una mesa al fondo de una cafetería de Madrid; mientras hombres y mujeres somnolientos piden café y despiertan sus pestañas, el chico del libro pasa una página despacio.

De pronto entra en el bar un grupo de chavales vociferando consignas, o sea, tia, que fuerte, ¿lo viste?, vaya tela, será cabrón, que mamón, no me lo puedo creer, yo flipo, ¿y tú que le dijiste?, jajajaja; y así. El del libro levanta la vista del papel y mira con resignación: quizá algún día él también llevó pinturas de guerra.

Lee que el amor es debilidad, un deseo incomparable que te hace capaz de todo (lo bueno y lo malo¨) El resto, sigue leyendo, es gusto, apetencia, comodidad.

Los chicos siguen gritando.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

No entiendo por qué el que lee siempre está al fondo de la cafetería...

Tampoco comprendo la manía de insinuar la superioridad intelectual del chico solitario, frente al grupo... No entiendo...

A veces aquellos a los que les entretienen los improperios de salvame deluxe, los seguidores de los grandes hermanos, son igual de intelectuales que el gafotas solitario del fondo de la cafeteria... No puedes pedir que se levanten los prejuicios si eres el primero en juzgar...

Pese a todo, me quiero casar con el autor...

Anónimo dijo...

Los que gritan no pueden amar?

M de Elle dijo...

El que lee se sienta al fondo porque alli el trajin es menos molesto, ya que leer es un acto íntimo y de soledad (qué paradoja buscarlo entre multitudes)

El que lee posee, en el espacio y tiempo de este texto, una superioridad intelectual: el lee, el resto grita.

Los seguidores de salvame y grandes hermanos, si además leen, son auténticos suicidas o masoquistas del entretenimiento. Juzgo, sí, que mucha de la televisión es basura que atonta y adormece. Benditos los que se resisten.

Y sí, yo también me quiero casar con el autor.